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miércoles, 26 de enero de 2011

Schizo Rock

existe un tipo, casi un personaje, en el barrio. este tipo tiene un par de características, como por ejemplo: siempre lo vas a ver fumando; tiene cara de loco; es un poco loco, o un poco ido; y le gusta el rock.
Pachi, tal su nombre, jamás hubiera advertido mi existencia -y eso que hace casi 20 años nos cruzamos- si no fuera por mi remera amarilla de Jimi Hendrix. esa que se encuentra desaparecida en estos momentos, esa que pasó por las manitas de Arnedo. desde que me vió con esa remera, esa vez que me cruzó y me dijo "¡eeh! ¡Jimi Hendrix!" y balbuceó si me gustaba y etcétera, siempre me pregunta cosas de música. es más, una vuelta yo volvía como a las ocho de la mañana, arruinado, con el sol matándome, y me cruzo con él, que fumaba y estaba sentado, como siempre. y me pregunta, y le contesto que estuve escuchando de los redondos, no se que más.

así que el tipo generó una especie de afecto hacia mí.

no le gusta Pink Floyd porque lo bajonea.

las malas lenguas cuentan que él era músico, que vendió todo, que tuvo problemas con la merluza.

el otro domingo, después de varios amagues de crossovers guitarreros, pintó. bajé mi criolla, el su acústica, y nos sentamos a una sombra, a las dos de la tarde, mientras mi vieja hacía el almuerzo. más que nada sonaron temas de Pappo, él tocó uno de Jimi (medio que tocaba apurado, o le pifiaba, pero no tocaba mal). zapamos unos rocanroles, así bien áspero y bastante mal coordinados, pero él estaba re entusiasmado y no le importaba, y a mi tampoco.
me contó que su banda se llamaba HRD, y hacían rocanrol cuadrado. no hay dudas: Pachi parecía no tener otra necesidad que la de hacer la música que le gustaba. esa que dice Slide Blues, blues de tres tonos nada más.

jueves, 9 de septiembre de 2010

Oda a tu Rodete

es una cosa que me encanta.
sencillamente encantador ver cómo hacés
mechas y mechas
y las asegurás, como corresponde para hacer las cosas bien,
con un broche o algo así.
con esos deditos que a tientas comprueban
si está todo bien, si quedó como
corresponde
entre tanto pelo, entre esa
sábana
capilar.

lo que más gracia me da
(pero no de risa: gracia de
agraciada)
es que no dura ni cinco minutos
porque tus deditos otra vez buscan
desarmar esa obra de arte
(efímera)
esta vez decididos
porque siempre destruir es más fácil
pero dentro de quince
vas a volver a repetir la búsqueda temerosa
la recolección
recopilación
de todo ese pelo
petrolífero, pesado,
y vuelve a nacer tu rodete.

lunes, 9 de agosto de 2010

Quiero que llegue ya. Y volver al mismo tiempo, si eso fuera posible. Ya sé que no lo es.
Volver a experimentar ese aire fresco y húmedo, con la brisa delicada, y el tierno abrasamiento del sol.
Andar con las alpargatas blancas, ennegrecidas por las veredas porteñas.
Pelar la remera vieja de Jimi Hendrix, esa que pasó por las manos de Arnedo, la retorció, la transpiró y le pasó su magia. Qué importa que ya de amarilla no tenga nada, si total..
Agarrar la bici y perderme una tarde soleada y aburrida en las calles de Mataderos o Villa Luro, buscando la casa del Paraíso.
Ir, como antes, por los caminos de ladrillito del Parque. O con la pelota toda pinchada, desinflada. Que la inflen los del 182, si no son tan ortibas.
Y al lado del viejo natatorio tomar agua de la canilla esa que, tiempo después, le hizo caber la muerte por leptospirosis a una piba. Se sacó la lotería, pero la que nadie quiere. Yo zafé.
Vaciar una tras otra las cocas de vidrio, con Dennis en la placita. O con Claudio y Martín a la noche.
Sólo ver la placita, en esa época, era la gloria misma. Los veinte metros que me separan eran un descampado.
Quiero la libertad y la anarquía, refrescadas con bombuchas de colores.
Quiero que vuelva el verano, y con él... los buenos tiempos.

viernes, 23 de julio de 2010

Tres cuadras

5 pm. Exterior. Ida.
Yendo para Alberdi por Vucetich veo unos novios teenager discutiendo. Parece que el de los reproches es el pibe... qué dificiles las penas de amor.
Vuelta
Una vieja desde la ventana en el primer piso de su casita barata grita: "Negrito, negrito, ¿entrás?" Me alarmé ante los llamados de la doña, pero no: llamaba a su perro que, dócil, obedeció.

6.30 pm. Ida.
La pareja sigue la discusión en otra esquina (cortar la pelea fugándose no funciona en la vía pública, lugar ideal para la persecusión), pero era momento de la defensa: la chica.

7.30 pm. Ida.
Ya era de noche, e iba de un local a otro. Me crucé a los jóvenes amantes: estaban callados, asimilando la situación, en una parada de bondi.
Del otro lado de Alberdi cruzaban tres flacos, dos conocidos del barrio: uno del Pincha, el otro El Pájaro. El tercero estaba con muletas. Mientras cruzaban, se venía un patrullero a toda velocidad, así que tuvieron que maniobrar para no morir bajo ruedas.
-Dale, hijos de puta. Corren al pedo, van a buscar pizza seguro los putos.
-¿Éstos siempre comen pizza?

7.55 pm. Ida y vuelta.
Después de un olvido (nunca abandono viejos hábitos), vuelvo a casa. La parejita, en la parada del bondi, se besaba. Final feliz.

domingo, 23 de mayo de 2010

giró la Rosa de los vientos

En tu cajón olvidado (olvidadísimo) quedó un papelito que sólo me hace acordar cómo te conocí y me sorprendí y pensé "esta es mi alma gemela", pero a 1000 kilómetros al sur y me parecía muy buena idea conocerte, dejarte algún mensajito, pero no lo hice (la historia de mi vida).
Tus ojos verdes, el rock progresivo y cómo tocas el bajo, el instrumento más hermoso del planeta.
¡Encima a vos también te firmó Aznar!

"El harem de Barrabás", tan de cabaret. Ni sé que hacía ahí, en tu cajón olvidado. Ahora, no puedo pasar por ahí sin acordarme de vos.

viernes, 26 de marzo de 2010

Cerrado por reformas

Hoy se exhibía en el cine Gran Rivadavia, al aire libre ya que adentro hay miles de fantasmas, El secreto de sus ojos, la peli-del-momento, a modo de "protesta" para que no demuelan el cine y lo reabran. Aprovechando el suceso, rescaté de mi anotador una pequeña crónica del día en que a la mole de cemento le pusieron el cartel de "Se Vende". Ahi va.

···················

Requiem para
Recuerdos de un cine de barrio
(y algo tachado)

El cartelón puesto hace una semana en la imponente fachada del cine Gran Rivadavia es tajante: SE VENDE. Nuestro cine no existirá más. Ya era muy poco creíble el collage de letras que informaba a la población de Floresta que estaba "CERRADO POR REFORMAS". Esa notificación ya tenía, mínimo, 5 años. Incluso se podría decir que no es de extrañar la venta. Pero ese cine era distintivo del barrio. Una referencia.

Allí, pibes de mi generación pudieron ir a sus primeras funciones a la pantalla grande, o al teatro. Siempre me recuerdan que de purrete me llevaron a ver a Los Picapiedras. O los testimonios de mis tíos, mártires, que llevaron a ver a mis primas a las infames -y afortunadamente olvidadas- Bananas en pijamas. Pero no sólo había entretenimiento infantil. En ese teatro supo tocar León, y también Spinetta. Eso es un lujo para cualquier curriculum teatrero.
Los afiches que hoy sirven para tapar el enorme hall central y las dos escaleras imponentes, todo vestido de mármol, nos revelan sus últimas películas exhibidas: La Edad del Sol (plena época revolea-ponchos); una gran película llamada Secretos y mentiras; y una que (¿lo habrán sospechado?) sería un éxito rotundo de taquilla: Jurassic Park.

De vez en cuando, algún afiche se da vuelta de manera misteriosa para revelarnos otro título. Tal vez sean los intentos del propio cine por mantener viva su memoria.


Si, se equivocó el boludo: es Floresta, flaco.

martes, 5 de enero de 2010

Doce miserables horas

Confieso que no te hubiera visto
si vos no me mirabas cuando buscaba mi asiento
Confieso que esos ojos casi me asustan, sí
eran el cielo en el colectivo, el cielo dentro de esa lata horrible
También confieso que me divertí con la idea de tener un anotador y una lapicera
-y lamenté no tener ambos-
para, como nenes de sexto grado, tirarnos papelitos
de un lado a otro
riéndonos de la evasión a las brujas
pero no.
O si no, tener tu número del celular
y gastar la promo FREE del día
en mensajitos con una persona a un metro de distancia.
Fantasié también -lo confieso-
con proponerte escaparnos de los extraños
bajarnos del colectivo sin que nadie se entere
(en la realidad no funciona pero esto
es
una fantasía)
e irnos al motel de ruta
(bien de road movie yanki)
y cagarnos de risa del mundo
mientras nos enredábamos sin fin entre
las sabanas chotas del motel barato.
Confieso que imaginé todo eso
sí, perla chaqueña.

domingo, 11 de octubre de 2009

Cadena Nacional

Eran las ¿diez? ¿once? y yo hacía cinco horas que estaba ahí, sentado al cordón de Rivadavia esperando y esperando. El viento traía varias coplas pero a mí me preocupaba el frío: mi despiste sumó otro capítulo más y me hizo llevar solo una remera. Igual, aguanté.

De repente, el presentador (¡qué orador!) anunció a un tipo anónimo, con la presencia estelar en los teclados de Juan Subirá. Entonces fuimos, nos levantamos y fuimos. Estabamos muy cerca, pero las piernas pesaban igual. Fuimos y nos sumergimos de nuevo en esa masa que disparaba negritas todo el tiempo en clave murga; entre colores y banderas, mucha barba y anteojo. Se callaron y los primeros acordes que el teclado de la estrella del mini-show disparó fueron los de Al olor del hogar, pequeña canción de cuna bersuitera.

Deberían haber estado ahí. Fue como una comunión, ¿vieron? Esa clase de cosas que se da cuando la gente está alegre, contenta, en sintonía. La canción se deslizaba y no terminaba, afortunadamente. Y lo más lindo de eso era el decorado, repleto de banderas de militantes, la génesis de toda la liturgia que hoy vemos en La Renga, veíamos en los Redondos. Ahí, entre la música y la gente, soplaba el viento, pero ya no tenía frío. A esa altura estaba abrazado, arropado entre los miles que fuimos; por otra causa, pero bueno, qué va. Y las banderas saludaban al viento, todas en la misma dirección, alegres y libres. Parecía que avanzabamos. "Es el progreso", pensé, parafraseando a Mafalda. Quizá no me haya equivocado tanto.

viernes, 4 de septiembre de 2009

Carta urgente y despiadada

Ahora tengo escalofríos.

Entre ese cielo blanco y ese infierno negro estas solo vos; esa piel brillante, suave (la imagino así) con la que voy a otro mundo de sólo pensarla. De solo verla.

Esa imagen no sos vos; no necesitas de una sensualidad tan extrema. Pero alguien quiso que sí, que no alcance con tu humor y tu sonrisa: tenía que ser completo. Que hasta el más frío e insensato se de cuenta hasta dónde pudiste llegar. ¿Hasta dónde podés hacer llegar a alguien?

Otra vez la veo, y ya se destruye todo, como -imagen trillada- un castillo de naipes. Porque ese segundo captado; esa mirada de la máquina y de nadie más no es sensual: es la sensualidad.
Y esa mujer no es una mujer. Es la mujer. Mi mujer, vos. Verás, no necesité compartir días y noches (y más días y más noches) para que te sienta mi mujer, más allá de mis lamentaciones y de toda la pena y la bronca y demás. Quizá yo no sea tu hombre. Si quien escribe esto ahora, bajo tu influencia y memorizando las palabras bajo la lluvia no es quien vos buscás pensás querés sentís soñás, no lo es. Eso no cambió durante años -a pesar de otras, y otros; y las lamentaciones-, no tiene motivos para cambiar.

Pero si vos decís que sí, puedo asegurar ante cualquier intruso que haya leído esto que esa imagen va a ser lo último que yo vea en este mundo. Hasta que vos me lleves a otro.

miércoles, 12 de agosto de 2009

Hoy estuve a la hora habitual. No es la señalada, pero es donde siempre coincidimos. Calculando algunos tiempos, supuse que ibas a estar ahí, con la luz de frente, alumbrándote.
Imaginé lo que te diría y lo que vos me dirías. Me es bastante difícil, ya que lo que debería decir se me ocurre mucho despues de cuando lo debería haber dicho.. a algunos les debe pasar.
Llegué y esperé un rato más. Pero no, no apareciste. Fue una no-cita donde quedé solo, con la esperanza de la amante desplazada, esperanzada hasta que la vela se terminara de consumir.
Acostumbrado a imaginarte, lo que hice fue fantasear con que hubieras estado. Imaginar tu sonrisa ante cada humorada, o tu ceño fruncido cuando algo es inapropiado. Tus ironías que a veces no entiendo.. y viceversa; de vos no me da bronca que no me entiendas. Es más, a veces me gusta. Tus ojos mirando atentamente, con esa mirada de mil dardos que tenés.
Pero bueno, la realidad es que estoy acá, y no estas, y mi cabeza explota. Voy a seguir así, vos eras mi remedio.
Igual, ya rozan las doce, la medianoche; finalizó el tiempo.

Chau, me voy a imaginarte.

martes, 21 de julio de 2009

Montaña rusa

Una lágrima atrás de otra, atrás de otra, y lentamente el parquet arruinado se humedecía una vez más. Entonces la luz de la habitación oscurecía cada vez más, creando el clima opresor de la tristeza; luz horrible, artificial. Lo extraña pero no hay nada que hacer, y se convence que es lo mejor.
Lo único que quería era a alguien que la escuche. ¿Quién no quiere eso? Acaso alguien que la entienda mejor, o que la trate diferente. Hay cosas que una acepta y otras no. Tal vez todavía espera a la pareja perfecta, al 'alma gemela' y cosas que todos inventan para justificar una vida que no hay que justificar.
Tal vez el error estuviera en la manera. Es que hay cosas que la sacan de quicio, todos tenemos ese talón de Aquiles. Ella no lo soportó, y se lo gritó en la cara, como se deben decir las cosas que no se soportan. Más adelante siempre va a haber tiempo para humanizar el reclamo.

El, deshecho, todavía conserva esos gritos en su cabeza. ¿Tan mal hizo las cosas? Sobre el sillón lloraba su cuerpo, junto a un vaso con un whisky barato que guardaba en el congelador para estos momentos. Consumía un cigarrillo atrás de otro, y hubo noches enteras en las que no pudo dormir. Sus ojos rojos miraban alguna película italiana, un cortometraje finlandés o una película francesa más parecida a un collage de sinsentidos que a otra cosa.
De repente, los sueños, los proyectos y 'el futuro' se borran de un plumerazo y listo. ¿Cómo decía Nebbia?
Nunca se dió cuenta de sus errores, quizá porque no los hubo. A veces, no cometer errores o cometerlos es lo mismo. ¿Cuál hubiera sido la diferencia, si ahora estaba ahí tumbado, recordando triste un mes atrás, dos?

Son cosas que pasan. Pasa en todo el mundo, a todo momento; pasó toda la historia.

Y la adrenalina va a seguir siendo siempre lo más atractivo. Pero bueno.. las caídas o los ascensos vertiginosos, alguna vez, paran. Cuestión de subirse de nuevo.

lunes, 6 de julio de 2009

El cortometraje más repetido en donde nunca pasa nada.

Empieza la escena.

Estoy en Rivadavia y Olivera y Lacarra, punto de partida del primer colectivo de América, según cuenta la leyenda. La noche está gris y las luces se difuminan ante la vista, generando esa especie de aureola a su alrededor. Empiezo la caminata, distraído. Si conoceré estas veredas, cumpa. El café de enfrente con sus mil remodelaciones, el autoservicio que tuvo el primer pan caliente del barrio. Algún cibercafé del que me echaron, el pelotudo ahora se muere de hambre. 

En la cuadra siguiente es todo angustia, no me extraña que no te guste caminar por la ribera izquierda. El pueblo fue quien lo recuperó. La policía no está más. Ni me quiero imaginar lo que debe haber sido vivir por ahí, con los gritos en la noche. Es preferible no imaginarlo, no.

Llegando a la esquina me encuentro con esta piba.. no me acuerdo el nombre. La conozco y posiblemente ella a mí, pero nunca nos hablamos. Típico de la raza de ciudad: anónimos no-anónimos, gente que se conoce y se ignora. Un falso anonimato que es la máscara del terror de nuestra gente, el miedo a todo, el aislamiento progresivo. La muchacha tiene unos labios carnosos, rojos; y unos ojos negros insondables. Ella es un placer, caminando mientras su pelo lacio rebota sobre sí, ignorándome o reconociéndome. La veo muy poco.

Entre Rafaela y Cajaravilla hay poco para destacar, es una cuadra que pasa de largo. En frente sí, hay una curiosidad, que es el pasaje Checoslovaquia: mi sospecha es que al terminar de recorrerla te aparecés en otro barrio, en especial si el día es soleado y no hay nada que perder.

Siguiente cuadra, cuna de una pizzería en la que nunca compré, ¡dos! peluquerías a las que nunca fui y una fábrica de pastas atendida por dos viejas más que entrañables: se deben llamar Rosa y María, o Carmen, o Mirta. También hay una fábrica o comercio industrial de algo. No me preguntés de qué, no tengo la más puta idea. Son 18 años en el barrio eh, y nunca lo voy a saber. Una farmacia y una carnicería que alguna vez fue furor son otros adornos del arbolito.

Párrafo aparte para una tercera peluquería. Una pretendidamente moderna, pretendidamente Paulino Acosta, Roberto Giordano o cualquier nombre-apellido ítaloargentino snob; atendida por dos paisanos de Boedo. Ahí fue el inapropiadísimo lugar donde aprendí todo lo que sé sobre grunge y toda la movida yanki de los noventa, desde Nirvana o Pearl Jam hasta Staind, pasando por Queens of the Stone Age y Stone Temple Pilots; todo de la mano de un flaco alto que se llamaba Carlos, desgarbado y erudito del cuero cabelludo, y que ya no está en el local. Mis cortes de pelo -siempre a criterio suyo por mía decisión- eran amenizados por su banda o por algún tema de AC/DC; siempre con teoría musical avanzada o interpretación de letras. No se dónde está. Como souvenirs suyos tengo la discografía de Alice in Chains, otro cd y también haber sido la primer persona que conozca que detesta a mis bienamados Beatles. "Son cuatro pelotudos", me decía. Me caía bien hasta que decía eso. Pero no sé a quien voy a acudir en mi próxima sesión.

Atravieso el mar de adoquines que es Alberdi para adentrarme en la antesala de mi barrio, una manzana repleta de casas coloniales, antiguamente las quintas de 'las afueras' del centro. Casas enormes, que ahora están divididas en varias cada una y vaya si sobra espacio. Enfrente hay locales de todo tipo, panaderías, chinos, kioscos, y una dietética atendida por la vendedora de cereales más loca que conozcan. También hay una calle Bonifacio que, según alguno de los míos, no tiene nada que ver con su continuación del otro lado del rancho. Es verdad.

Entonces llego a mi barrio. Un oasis verde, sin dudas, con moles de cemento alla Perón. Frustrada cuna de un loquero.. aunque locos sobran, creeme. Tambien pedestales de algunas almas que se creyeron voladoras: una pena.

Entro a mi edificio, subo las escaleras, abro mi puerta.

Termina la escena.

jueves, 11 de junio de 2009

¿Cuántas palabras mas voy a tener que dedicarte?
Quizá busque olvidarte acá, frente a la hoja en blanco: no estoy seguro que funcione.
Todavía me acuerdo de vos. No pasó mucho tiempo, pero todavía me acuerdo de vos. ¡Si ya un día era eterno!
Y ahora entiendo a esos hiteros made in Radio Disney, que sonaban tan truchos, tan edulcorados (mirá lo que escribo).
Es que por vos, por vos nena..

miércoles, 6 de mayo de 2009

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de mi cabeza se escapan palabras, frases, oraciones, palabras, letras; todas inconexas.

es el resultado de bukowsky, bradbury, cortázar, weather report, el bajo de jaco, parque rivadavia, ochenta cuadras, parciales, sueño, sed.

de la facultad, de la música, de los libros, del amor, de la angustia, de la esperanza, de la angustia; de tus ojos, de tu fingida inocencia, del recuerdo de algo que no fue, del recuerdo de algo que sí fue.

de mi guitarra, de mi bajo.

de la alegría y la tristeza.

de mí.

miércoles, 15 de abril de 2009

Onírica botánica astral

En alguna esquina del Universo hay un árbol infinito. Es un árbol particular, porque sus frutos son Soles.
Esos Soles son semillas, germinan, maduran, están a punto y se pudren en un día, todo durante su eterna caída.
Y nosotros, seres miserables en el Universo, somos sus testigos. Veedores del nacimiento y putrefacción de una fruta diferente cada día.

miércoles, 8 de abril de 2009

¿Qué pasó?

Ya venias ablandado de Psico. Saliste y compraste algunos apuntes, de los que te faltan. Ya desde ahí, tu garganta estaba seca: pedía a gritos algo, cerveza, agua, lo que sea. Esa sensación no te iba a abandonar hasta que llegaras a casa.
Entraste al aula y ya estaba repleta. Más de lo normal, porque por esas irregularidades -esas que son el único motivo de los detractores de la universidad pública- dos comisiones (¿?) se juntaron en una. Así que no te quedó otra: al fondo a la izquierda.
Lo que siguió te pareció un espejismo.
No había viento, había sed, no había oasis, lamentablemente.
El monólogo de la que estaba enfrente era inexplicablemente confuso. A veces garabateaste algo, como para no perder la costumbre. Pero tu mirada, esa mirada, no estaba ahí. O sí, pero no veían nada. Quizá pensabas en otra cosa, quizá no pensabas. Encima, además de confusa, ella era pedante, y no se le escuchaba nada. A veces escuchabas un intento de chiste, lo que la hacía más patética a ella. No tenés que agradar, amiga. Enseñá, porque no sos graciosa.
Las agujas del reloj eran de plomo. Tu reloj es digital, pero entendemos de lo que hablo. El calor era sofocante, agravado por dos cosas: los vidrios, que eran lupas; y la ausencia de un ventilador. La cantidad inusual de gente también, al punto que detectaste olores raros. La música monótona que llegaba desde adelante se decoraba con biromes aburridas que caían -se suicidaban- todo el tiempo sumado a toses que, más que a un resfrío, respondían a la incomodidad. Varias veces me preguntaste "¿Qué hago acá?". Yo no sabía qué responderte, qué te voy a decir.
Ya ni sabiendo por qué estabas ahí, se te ocurrió mirar a los demás. Y me dijiste que fue un alivio ver que no eras el único que estaba en el puto medio del Sahara, pero acá, en el aula 128.

miércoles, 1 de abril de 2009

Hasta el fin del mundo te voy a buscar.
Como si no quisiera ver esos ojos, tus ojos, únicos. El par perfecto.
No creas que no quiero escucharte hablar, con tu voz, tan desvergonzada tu voz. Pero es mucho más. Es que escucharte me hace bien; y hace tanto no te escucho.
O tu pelo, o tus manos. O tus pies, que no te gustan.
Y si te mostrás de verdad es cuando entiendo que no, no sos una más. Así desde adentro te escapás, por cada centímetro de tu cuerpo, por cada rincón, hacia la luz, para que te vea. Y te puedo ver, cómo no te voy a ver.
Es que verte me hace bien; y hace tanto no te veo..

miércoles, 11 de marzo de 2009

Carta de un hereje desquiciado

DIOS, sí, DIOS, por si alguna vez se te ocurre pasar por este blog, si alguna vez te despegás de todas esas páginas porno o del Olé, DIOS, quiero que leas esto.
Vos, vos que fuiste capaz de crear los fideos con salsa bolognesa pero también de permitirnos crear las peores armas; vos que pusiste en este mundo a Evangelina Anderson pero también la pusiste a ésta; vos que le das terrible cerebro a tipos como Einstein y despues hacés hablar a Susana; puto, te pregunto: en qué carajo estabas pensando cuando se te ocurrió hacer una cucaracha, una babosa o una araña?!?!? LA CONCHA DE TU MADRE!! (si tuviste)
O, peor.. de donde mierda sacaste eso de pegar una araña a una babosa? Porque te juro, te juro por lo que más quieras (Cristo, el humano, Fidel), que hoy vi una cosa así.. que mierda hacías, DIOS? Experimentaste con marihuana? LSD? Hongos? Dejate de joder!
Mirá.. yo no le quiero empezar a rezar a Alá, o esas cosas, pero.. no me dejás alternativas, DIOS. Yo se que Alá, Bin Laden, esas cosas.. pero vos te vas al carajo.
Y no me vengas con eso de que las hizo Lucifer o esas cosas que me decís mientras sueño porque ya no te creo. Ese verso no me lo como más. Mirá si vas a ser tan boludo vos!
Sabés qué pienso, YAHVÉ? SABES?! Pienso que inventás esas cosas para romperme las pelotas. Para que, al verlas de repente, salte como un pelotudo. Esas cosas las veo yo. Nadie más. No juegues conmigo, DIOS. Te aviso.
PORQUE SOY MUY PELIGROSO!!

jueves, 26 de febrero de 2009

Papelón no es caída.

Efectivamente fue, como nos suelen decir, "como un mosquito". No pasó nada, esta vez voy a estar a salvo. Ya la roja sangre subió, sea donde sea que tenía que subir. Mi confianza aumentó.

Al salir, fue la reacción: no estaba bien. Pero mi moral no caía. Por dentro luchaba, me alentaba. Cuidado..

Parpadeé.

Un desconocido abanicaba una edición del Clarín. Mis piernas estaban en alto. Una señora gritaba indignada. Mis piernas en alto? Si, estaba caído.

3 minutos; donde no hubo dolor, ni tiempo. Si no se discuten los medios, se puede, al fin y al cabo.

martes, 30 de diciembre de 2008

Yabalance?

Bar en una esquina, once de la mañana, cortadito para uno y vermú (los vicios son así..) para el otro; Claringrilla de por medio y con acento viejo de barrio.

R.M.: -Ya termina el año, viejo.
J.C.: -Como pasa la vida eeh..
-Boquita campión.. las gallinas últimas, jua jua!
Se dibuja una sonrisita débil y desganada en J.C. Está pensando en otra cosa. Lo dice:
-Se. Hoy es aniversario de Cromañón..
RM lo mira con cuidado, lo comprende y larga una sincera reflexión, tratando de no hundir dedos en llagas.
-Cuanta hipocresía che, qué fácil es apuntar así nomás -. Tantea.
-Son todos culpables menos uno mesmo no?
Más tranquilo, RM se permite resolver y cambiar pronto de tema.
-Son predecibles. Te acordas del forro de De Angeli?
-Ni me hagas acordar, ahí hasta el más humilde es culpable.
-De qué? -Siempre decía cosas parecidas José. RM ya lo conocía.
-Qué se yo. Es cuestión de piel.
"No hay dudas", piensa Richard. (Es un apodo eh)
-Que más pasó en el año..? -Silencio mutuo. Los dos piensan, recopilan.
-Tanto.. vale la pena?
-En realidad, no. Es decir, por qué se hacen los balances?
-La pregunta es para qué. Y no sabría decirte. Supongo que sirve para los que creen que la vida es una suerte de oficina de administración.
-A veces es necesario ver las cosas así.
-Sí, pero todo lo que pase en un año no es predecible. Y no se va a sacar nada de un balance. Quiero decir, los sucesos inesperados son la base de lo cotidiano. (Faa.. que capo soy)
-Qué? Vamos, tengo que ir a laburar, ya.
Llaman al mozo. Pagan la cuenta, el del café termina su café; el de vermú terminó lo suyo hacía rato.
El sol y el viento, a veces, son buenos compañeros. Nuestros amigos lo comprobaron al salir. Mirá, ya se pierden en lo cotidiano.


Puesía urbana made in Milton ©

En fin, sale un año y entra otro. A ver con qué te venis, la concha de tu madre? (Hay que asustarlos, a veces..)