miércoles, 9 de septiembre de 2009

Engrudo

Ahora los afiches no son sólo para las propagandas (comerciales o políticas). Ayer vi el último grito; "Bienvenido Muji-K", la foto del matrimonio Kirchner y la del ex tupamaro y grosso de la vida Pepe Mujica. Uno ya no sabe si eso busca ser una ofensa o un mensaje partidario: los dardos en la calle vuelan y vuelan. Los ataques que denunció Clarín en los días en los que se estatizó el fulbo eran afiches que ellos salieron a tapar con papeles blancos, sin nada impreso. Ellos se victimizaron: titulares que denunciaban ataques a la libertad de expresión, que los afiches estaban en falta, etc. 

Pero ahora hay una nueva: el diario Sur pegó propagandas en toda la ciudad sobre su número, que traía ésta foto. La dueña del Grupo Clarín brindando con su beneficiario, Videla. Esa foto, según reza el diario, salió publicada en la tapa del Clarín del 29 de Septiembre del '78. Entonces, el Gran Diario Argentino salió disparando a tapar todo, atacando los derechos del diario Miradas al Sur de publicitarse y.. bueno, se habrán dado cuenta de la paradoja.

Así que si ven un afiche que dice 'SALE' en una etiquetita verde y otros objetos más de diversos colores, ya saben: están escondiendo esa foto.

viernes, 4 de septiembre de 2009

Carta urgente y despiadada

Ahora tengo escalofríos.

Entre ese cielo blanco y ese infierno negro estas solo vos; esa piel brillante, suave (la imagino así) con la que voy a otro mundo de sólo pensarla. De solo verla.

Esa imagen no sos vos; no necesitas de una sensualidad tan extrema. Pero alguien quiso que sí, que no alcance con tu humor y tu sonrisa: tenía que ser completo. Que hasta el más frío e insensato se de cuenta hasta dónde pudiste llegar. ¿Hasta dónde podés hacer llegar a alguien?

Otra vez la veo, y ya se destruye todo, como -imagen trillada- un castillo de naipes. Porque ese segundo captado; esa mirada de la máquina y de nadie más no es sensual: es la sensualidad.
Y esa mujer no es una mujer. Es la mujer. Mi mujer, vos. Verás, no necesité compartir días y noches (y más días y más noches) para que te sienta mi mujer, más allá de mis lamentaciones y de toda la pena y la bronca y demás. Quizá yo no sea tu hombre. Si quien escribe esto ahora, bajo tu influencia y memorizando las palabras bajo la lluvia no es quien vos buscás pensás querés sentís soñás, no lo es. Eso no cambió durante años -a pesar de otras, y otros; y las lamentaciones-, no tiene motivos para cambiar.

Pero si vos decís que sí, puedo asegurar ante cualquier intruso que haya leído esto que esa imagen va a ser lo último que yo vea en este mundo. Hasta que vos me lleves a otro.

martes, 18 de agosto de 2009

Con la música a todas partes

Uno de los regalos que recibí por mi cumpleaños fue un mp3, cortesía de mi viejita, que recibí con sorpresa, porque no me lo esperaba.

Mi historia con los mp3 es difícil. En realidad, en materia de tecnología tengo un costado muy conservador, me cuesta mucho aceptar los avances. Y ni hablar de las últimas novedades, como esos celulares con hervidor de salchichas incluído; me vuelvo un cavernícola. A esta altura, un mp3 es casi prehistórico -esa es una de las causas por la que detesto el mercado de la tecnología-, así que ya no le tengo tanto rencor a este aparatito. Sin embargo, cuando era novedad, siempre reaccioné para mal, conjeturando que para escuchar música tiene que haber un lugar fijo, es decir, un espacio donde uno pueda desconectarse de todo para entrar de lleno en la música, sin tener que pensar en qué parada bajar, o las pilas, o tal cosa o tal otra. Un lugar especial, tenía que ser casi un ritual: el de poner el cd, o el vinilo -reliquias- recostarse o sentarse cómodo, y escuchar, nada más.

Y después, ya pasado el tema y viendo (y aprendiendo) que pueden haber cosas mucho peores, me agarraron ganas, o una curiosidad. Estar en una sala de esperas escuchando a una vieja estúpida hablar mal de los bolivianos ya no me parecía un buen plan cuando podría estar escuchando a SRV o Cure for pain de Morphine mientras esperaba mi número. Entonces ya empecé a fantasear con la idea. Incluso para dormirme siempre me pareció mejor con música, obviamente acorde al momento.

Ahora, con chiche nuevo, ya puedo escuchar lo que quiero cuando quiero. Así fue que en su primer viaje -a Drago- me pasó todo, de punta a punta y fue lo que el viaje duró, La era de la boludez de Divididos, un discazo que hacía bastante no escuchaba.
Así que en su primera carga, le metí temas para toda ocasión: desde Magazine; Mind Games, de lo mejor de Lennon; uno de Pavement; y también música para dormirme -o bien para día de resaca- de la mano de los Baseball Furries, unos muchachos que hacen rock espacial muy bueno, se los recomiendo.

En fin, ya le iré metiendo más cosas a este nuevo artilugio musical, que promete ser buen acompañante en cada bondi o viaje largo que haga.
'Ta luego.

miércoles, 12 de agosto de 2009

Hoy estuve a la hora habitual. No es la señalada, pero es donde siempre coincidimos. Calculando algunos tiempos, supuse que ibas a estar ahí, con la luz de frente, alumbrándote.
Imaginé lo que te diría y lo que vos me dirías. Me es bastante difícil, ya que lo que debería decir se me ocurre mucho despues de cuando lo debería haber dicho.. a algunos les debe pasar.
Llegué y esperé un rato más. Pero no, no apareciste. Fue una no-cita donde quedé solo, con la esperanza de la amante desplazada, esperanzada hasta que la vela se terminara de consumir.
Acostumbrado a imaginarte, lo que hice fue fantasear con que hubieras estado. Imaginar tu sonrisa ante cada humorada, o tu ceño fruncido cuando algo es inapropiado. Tus ironías que a veces no entiendo.. y viceversa; de vos no me da bronca que no me entiendas. Es más, a veces me gusta. Tus ojos mirando atentamente, con esa mirada de mil dardos que tenés.
Pero bueno, la realidad es que estoy acá, y no estas, y mi cabeza explota. Voy a seguir así, vos eras mi remedio.
Igual, ya rozan las doce, la medianoche; finalizó el tiempo.

Chau, me voy a imaginarte.

martes, 21 de julio de 2009

Montaña rusa

Una lágrima atrás de otra, atrás de otra, y lentamente el parquet arruinado se humedecía una vez más. Entonces la luz de la habitación oscurecía cada vez más, creando el clima opresor de la tristeza; luz horrible, artificial. Lo extraña pero no hay nada que hacer, y se convence que es lo mejor.
Lo único que quería era a alguien que la escuche. ¿Quién no quiere eso? Acaso alguien que la entienda mejor, o que la trate diferente. Hay cosas que una acepta y otras no. Tal vez todavía espera a la pareja perfecta, al 'alma gemela' y cosas que todos inventan para justificar una vida que no hay que justificar.
Tal vez el error estuviera en la manera. Es que hay cosas que la sacan de quicio, todos tenemos ese talón de Aquiles. Ella no lo soportó, y se lo gritó en la cara, como se deben decir las cosas que no se soportan. Más adelante siempre va a haber tiempo para humanizar el reclamo.

El, deshecho, todavía conserva esos gritos en su cabeza. ¿Tan mal hizo las cosas? Sobre el sillón lloraba su cuerpo, junto a un vaso con un whisky barato que guardaba en el congelador para estos momentos. Consumía un cigarrillo atrás de otro, y hubo noches enteras en las que no pudo dormir. Sus ojos rojos miraban alguna película italiana, un cortometraje finlandés o una película francesa más parecida a un collage de sinsentidos que a otra cosa.
De repente, los sueños, los proyectos y 'el futuro' se borran de un plumerazo y listo. ¿Cómo decía Nebbia?
Nunca se dió cuenta de sus errores, quizá porque no los hubo. A veces, no cometer errores o cometerlos es lo mismo. ¿Cuál hubiera sido la diferencia, si ahora estaba ahí tumbado, recordando triste un mes atrás, dos?

Son cosas que pasan. Pasa en todo el mundo, a todo momento; pasó toda la historia.

Y la adrenalina va a seguir siendo siempre lo más atractivo. Pero bueno.. las caídas o los ascensos vertiginosos, alguna vez, paran. Cuestión de subirse de nuevo.

lunes, 6 de julio de 2009

El cortometraje más repetido en donde nunca pasa nada.

Empieza la escena.

Estoy en Rivadavia y Olivera y Lacarra, punto de partida del primer colectivo de América, según cuenta la leyenda. La noche está gris y las luces se difuminan ante la vista, generando esa especie de aureola a su alrededor. Empiezo la caminata, distraído. Si conoceré estas veredas, cumpa. El café de enfrente con sus mil remodelaciones, el autoservicio que tuvo el primer pan caliente del barrio. Algún cibercafé del que me echaron, el pelotudo ahora se muere de hambre. 

En la cuadra siguiente es todo angustia, no me extraña que no te guste caminar por la ribera izquierda. El pueblo fue quien lo recuperó. La policía no está más. Ni me quiero imaginar lo que debe haber sido vivir por ahí, con los gritos en la noche. Es preferible no imaginarlo, no.

Llegando a la esquina me encuentro con esta piba.. no me acuerdo el nombre. La conozco y posiblemente ella a mí, pero nunca nos hablamos. Típico de la raza de ciudad: anónimos no-anónimos, gente que se conoce y se ignora. Un falso anonimato que es la máscara del terror de nuestra gente, el miedo a todo, el aislamiento progresivo. La muchacha tiene unos labios carnosos, rojos; y unos ojos negros insondables. Ella es un placer, caminando mientras su pelo lacio rebota sobre sí, ignorándome o reconociéndome. La veo muy poco.

Entre Rafaela y Cajaravilla hay poco para destacar, es una cuadra que pasa de largo. En frente sí, hay una curiosidad, que es el pasaje Checoslovaquia: mi sospecha es que al terminar de recorrerla te aparecés en otro barrio, en especial si el día es soleado y no hay nada que perder.

Siguiente cuadra, cuna de una pizzería en la que nunca compré, ¡dos! peluquerías a las que nunca fui y una fábrica de pastas atendida por dos viejas más que entrañables: se deben llamar Rosa y María, o Carmen, o Mirta. También hay una fábrica o comercio industrial de algo. No me preguntés de qué, no tengo la más puta idea. Son 18 años en el barrio eh, y nunca lo voy a saber. Una farmacia y una carnicería que alguna vez fue furor son otros adornos del arbolito.

Párrafo aparte para una tercera peluquería. Una pretendidamente moderna, pretendidamente Paulino Acosta, Roberto Giordano o cualquier nombre-apellido ítaloargentino snob; atendida por dos paisanos de Boedo. Ahí fue el inapropiadísimo lugar donde aprendí todo lo que sé sobre grunge y toda la movida yanki de los noventa, desde Nirvana o Pearl Jam hasta Staind, pasando por Queens of the Stone Age y Stone Temple Pilots; todo de la mano de un flaco alto que se llamaba Carlos, desgarbado y erudito del cuero cabelludo, y que ya no está en el local. Mis cortes de pelo -siempre a criterio suyo por mía decisión- eran amenizados por su banda o por algún tema de AC/DC; siempre con teoría musical avanzada o interpretación de letras. No se dónde está. Como souvenirs suyos tengo la discografía de Alice in Chains, otro cd y también haber sido la primer persona que conozca que detesta a mis bienamados Beatles. "Son cuatro pelotudos", me decía. Me caía bien hasta que decía eso. Pero no sé a quien voy a acudir en mi próxima sesión.

Atravieso el mar de adoquines que es Alberdi para adentrarme en la antesala de mi barrio, una manzana repleta de casas coloniales, antiguamente las quintas de 'las afueras' del centro. Casas enormes, que ahora están divididas en varias cada una y vaya si sobra espacio. Enfrente hay locales de todo tipo, panaderías, chinos, kioscos, y una dietética atendida por la vendedora de cereales más loca que conozcan. También hay una calle Bonifacio que, según alguno de los míos, no tiene nada que ver con su continuación del otro lado del rancho. Es verdad.

Entonces llego a mi barrio. Un oasis verde, sin dudas, con moles de cemento alla Perón. Frustrada cuna de un loquero.. aunque locos sobran, creeme. Tambien pedestales de algunas almas que se creyeron voladoras: una pena.

Entro a mi edificio, subo las escaleras, abro mi puerta.

Termina la escena.

viernes, 3 de julio de 2009

Carrera vertiginosa

Zulma Lobato llegó a la Fox.

(Mejor no hablar de ciertas cosas..)