martes, 5 de enero de 2010

Doce miserables horas

Confieso que no te hubiera visto
si vos no me mirabas cuando buscaba mi asiento
Confieso que esos ojos casi me asustan, sí
eran el cielo en el colectivo, el cielo dentro de esa lata horrible
También confieso que me divertí con la idea de tener un anotador y una lapicera
-y lamenté no tener ambos-
para, como nenes de sexto grado, tirarnos papelitos
de un lado a otro
riéndonos de la evasión a las brujas
pero no.
O si no, tener tu número del celular
y gastar la promo FREE del día
en mensajitos con una persona a un metro de distancia.
Fantasié también -lo confieso-
con proponerte escaparnos de los extraños
bajarnos del colectivo sin que nadie se entere
(en la realidad no funciona pero esto
es
una fantasía)
e irnos al motel de ruta
(bien de road movie yanki)
y cagarnos de risa del mundo
mientras nos enredábamos sin fin entre
las sabanas chotas del motel barato.
Confieso que imaginé todo eso
sí, perla chaqueña.

5 comentarios:

Chris Cobain dijo...

esta re bueno cuando te pones a imaginar toda una historia con una mujer qe no conoces y ves en un colectivo por ejemplo, como bien relatas. Un abrazo señor

Anónimo dijo...

jaja todos son iguales si vamos al caso

Milton dijo...

tal cual, anónimo.. la cuestión es cómo se cuenta. ¿quien sos?

a ambos, gracias por comentar.

Liliana dijo...

Muy bueno tu relato...que viajesito!!! que tomaste?? jajajja
realmente escribis muy bien.bsin

Mateo dijo...

jaja, por lo menos terminala con un ramo de flores, qué sé yo, así dibujás el final genital!